Así es la compleja estructura de poder en Cuba en medio de una de las crisis más profundas de su historia
El colapso de los servicios básicos, los apagones generales y la escasez crítica de alimentos han situado a Cuba en un escenario de extrema vulnerabilidad. En este contexto de máxima tensión social, un análisis detallado revela cómo se articula la jerarquía de control en la isla, una estructura vertical diseñada para garantizar la supervivencia del régimen frente a lo que analistas internacionales catalogan como el periodo de inestabilidad civil más agudo desde el triunfo de la revolución.
El verdadero núcleo de la toma de decisiones no reside en los ministerios formales, sino en el Buró Político del Partido Comunista de Cuba (PCC), la única organización política legal en el país. Esta cúpula reducida, encabezada por el presidente Miguel Díaz-Canel y respaldada por la vieja guardia histórica, coordina de forma milimétrica las directrices políticas y económicas, utilizando a la Asamblea Nacional del Poder Popular como un mero aparato de ratificación legislativa de sus decretos.
Un pilar fundamental e indispensable en este entramado de poder es el brazo empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), gestionado principalmente a través del conglomerado Gaesa. Este holding militar controla los sectores más lucrativos de la economía cubana, incluyendo el turismo internacional, las remesas, las zonas francas y la importación de bienes, otorgando a los altos mandos castrenses un monopolio financiero que los blinda de la miseria generalizada que sufre la población civil.
Por su parte, el aparato de seguridad del Estado y el Ministerio del Interior operan como la primera línea de contención frente al descontento en las calles. La estructura de poder cubana descansa sobre un sofisticado sistema de vigilancia social que combina la inteligencia militar con organizaciones de base como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), diseñados para atomizar la disidencia y sofocar de manera inmediata cualquier intento de protesta organizada.
Analistas internacionales señalan que esta rígida centralización del mando enfrenta un desafío inédito en este año 2026, debido al descontento de los sectores técnicos e intermedios de la propia administración estatal. La incapacidad real de la cúpula para ofrecer soluciones macroeconómicas viables, sumada a la creciente presión diplomática exterior de figuras como el Secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, ha comenzado a generar fisuras en la tradicional cohesión burocrática de la isla.
Con las redes de suministro de energía al borde de la parálisis total y el éxodo migratorio alcanzando cifras récord, la estructura de poder en La Habana se enfrenta a un dilema existencial. El éxito de su estrategia de supervivencia dependerá de su capacidad para mantener la lealtad incondicional de los mandos militares intermedios y el control aduanero, en un ajedrez histórico donde el modelo de gobernanza tradicional cubano se mide contra el desgaste absoluto de una sociedad al límite de sus fuerzas.

